La pasión de Enrique Edelmiro Moyano con el ciclismo denota los sentimientos que puede general el profundo afecto familiar. Las decisiones del “Kike” ciclista marcan claramente que el eslabón fundamental en su vida deportiva, que lleva más de 50 años, ha sido su familia.
Son varios los ejemplos que lo grafican pero sin dudas es lo que más representa es cuando decidió desechar la propuesta de una empresa de Alejandro Roca que quería patrocinarlo para que compitiera profesionalmente y él dijo no porque no quería descuidar a su familia. “Si él no llegó a ser mejor ciclista fue porque se preocupó principalmente por nuestro bienestar”, sostiene su mujer María Evelia García, quien siempre que puede lo acompaña a las competencias. Fue ella la que decidió repartir en los diferentes medios de comunicación de la ciudad un parte de prensa que cuenta la historia deportiva de su marido. “Sus caminos, rutas, y circuitos en el ciclismo son tantos que difícilmente podrían nombrarse en esta carta, pero sus recorridos en dos ruedas lo han llevado a competir portando nuestro mayor símbolo patrio, nuestro emblema celeste y blanco”, son algunas de las profundas líneas que escribió María.
Treinta años después de aquel suceso en el que “Kike” apostó al desarrollo de su familia fueron sus seres queridos los pilares necesarios para que el ciclista cumpla uno de sus máximos sueños deportivos: competir en un Mundial de la disciplina. A los 65 años, y participando en la categoría Master D 2, Enrique Moyano participará en el Mundial de ciclismo que se desarrollará del 9 al 15 de octubre en la ciudad de Manchester, Inglaterra. Su familia, además de incentivarlo a que diga presente en la cita ecuménica, le regaló una bicicleta monocasco (pesa apenas 6 kg.) que además de ser de gran calidad tiene un elevado costo. Con esa bicicleta competirá en suelo británico.
Junto a Edgardo Giovanini de Coronel Moldes y Ricardo Pereyra de Río Tercero será uno de los diez los ciclistas que conformarán a la delegación representará a la Argentina. Será su hijo Martín quien lo acompañará y junto a él, aprovechando que es profesor de Educación Física, se está preparando para el evento de su vida. “Poder estar en un Mundial es lo máximo para un deportista. Más allá del resultado poder estar es una alegría inmensa. Por eso, lo voy a tratar de disfrutar al máximo”, sostiene emocionado Enrique Moyano que comenzó a practicar ciclismo en 1961 cuando apenas tenía 14 años.
¿Qué te llevó a ser ciclista?
Ningún integrante de mi familia era deportista. Uno de mis hermanos menores también corría pero mi pasión por el ciclismo no fue influenciada por nadie. Se dio nomás.
El 9 de julio de 1961 es un día muy especial.
Claro porque ese día fue cuando gané mi primera carrera. Fue en la competencia “Doble La Gilda” que organizaba por esos tiempos Gregorio Silveira en el barrio Alberdi. Entré quinto en la general y fui primero en mi categoría. Fue una gran alegría porque hace de cuenta que lograba un gran premio.
¿Qué es el ciclismo para vos?
Es mi vida. Vivo las 24 horas pensando en la bicicleta. Más allá de mi trabajo (es propietario de la bicicletería Kike Competición) estoy todo el tiempo pensando en la bicicleta de competición.
Me levanto todos los días a las siete de la mañana y realizo elongaciones durante treinta minutos. Pero es muy importante el apoyo de la familia y tus seres queridos porque sin ellos es muy difícil llegar. Tengo la dicha que mi familia me acompaña en mí locura.
¿Sos consciente de lo que has logrado con el ciclismo?
No me he puesto analizar lo que he conseguido. Lo que sí me genera una gran satisfacción es saber que he hecho muchos amigos en diferentes lugares del país. Me dejó muchas amistades y eso es lo que más me gratifica porque en el ámbito del ciclismo las personas que no tienen buenas intenciones no duran mucho tiempo. El mismo sistema los expulsa.
Además te ha posibilitado conocer varios lugares del país.
Ni yo recuerdo todos los lugares que he visitado. He conocido muchas ciudades me falta conocer el sur del país. En General Pico de La Pampa me siento como en mi casa y es uno de los lugares en el que más cómodo me siento.
¿Cómo ves al ciclismo en Río Cuarto?
Nunca existió en la ciudad una política deportiva que apunte al desarrollo del ciclismo en Río Cuarto. Ahora, desde Fundemur están tratando de darle un impulso. Por ejemplo, es muy bueno el trabajo que está haciendo Fundemur junto a la Vecinal Nueva Argentina que están manteniendo en muy buenas condiciones al velódromo. Además hay que destacar que la Vecinal cuenta con dieciocho chicos que practican ciclismo. Eso es un paso adelante para la actividad. Pero hay que seguir trabajando y sería bueno que los funcionarios profundicen su trabajo en la política deportiva.
Antes de esta posibilidad mundialista tuviste otras chances pero no optaste en esa oportunidad participar ¿Por qué ahora sí?
El gran impulso me lo dio mi familia. Me preparé con todo en el Argentino que se disputó en el autódromo El Zonda de San Juan, pude terminar tercero y logre la clasificación al Mundial de Manchester.
Me imagino la gratificación de poder estar ahí.
Sí. Poder estar en un Mundial es lo máximo para un deportista. Más allá del resultado poder estar es una alegría inmensa. Por eso, lo voy a tratar de disfrutar al máximo.
¿Cómo te estás preparando?
Cuándo Guillermo Amaya, presidente de Fundemur, me dijo que me iba ayudar comencé a prepararme pensando exclusivamente en el Mundial. Entreno todos los días de la semana menos los menos miércoles porque considero que debo parar para descansar. Pero a pesar de las ansias y las ganas me lo estoy tomando con mucha tranquilidad.
Redacción Al Toque
* Esta nota fue publicada en la edición Nº 6 de revista Contragolpe.