Por comenzar
00
CAI
CSBA
Final
11
AABN
CASM
Final
40
DMAM
CSM
Final
20
TCSD
BCM
Final
01
AJGD
CAAM
Final
11
BVM
ECM
Final
22
AVBA
CASB
Final
20
CRC
UNRC
A 31 días del comienzo del evento deportivo más importante del planeta desde Al Toque compartiremos a partir de hoy una serie de entregas periodísticas que muestran el otro costado del Mundial de fútbol y la injerencia de la FIFA sobre el país organizador. En este primer artículo conoceremos cuáles serán las estrategias de orden y control que llevarán a cabo las fuerzas de seguridad.
Como ya se sabe, el Mundial Brasil 2014 no sólo es fútbol. Miles de páginas se han escrito de todo lo que se mueve detrás del máximo evento deportivo del planeta. Pero, al igual que Sudáfrica 2010, el que se desarrollará en tierras brasileñas es uno de los que más ríos de tinta ha dispersado.
Luego de 36 años la FIFA decidió traer nuevamente la competencia a Sudamérica (la última vez fue Argentina 1978) y la realidad ha puesto sobre el horizonte la compleja situación que se vive en estas latitudes. Si bien en los últimos años se ha consolidado como una de las economías emergentes (forma parte del sistema denominado BRICS junto a Rusia, India, China y Sudáfrica) y en la última década la desigualdad ha disminuido, Brasil, al igual que todos los países de esta región, sigue siendo un territorio desigual. El denominador común es la concentración de la riqueza en propiedad de unos pocos.
El periodista uruguayo Raúl Zibechi dice: “la concentración de riqueza va de la mano con la militarización de las sociedades. Para defender la gigantesca concentración de riqueza, los de arriba se están blindando, militarizando cada rincón del planeta”. Y Brasil no es la excepción.
Para el Mundial Brasil 2014, el gobierno que comanda Dilma Roussef montará el mayor operativo de seguridad en la historia de los mundiales. El costo estimado es de 870 millones de dólares. Entre sus estrategias, el gobierno envió a un grupo de policías a entrenarse en tácticas antiterroristas en Estados Unidos. Los mandó a la empresa Academi, la ex Blackwater que operó durante la invasión y ocupación de Irak, acusada de crímenes de guerra. Los efectivos enviados a Estados Unidos son apenas un puñado entre los 170 mil agentes policiales, militares y privados que se encargarán de la seguridad durante el Mundial.
Pero la preocupación del gobierno que comanda no solo son los eventuales ataques externos o internos. También le preocupa que se repitan las protestas del año pasado durante la disputa de la Copa de las Confederaciones. En ellas se movilizaron distintas expresiones de la sociedad brasileña: miles de jóvenes que se autoconvocaron por las redes sociales, opositores a Dilma de las clases acomodadas, vecinos de barriadas humildes que lindan con los estadios y cuyas casas fueron demolidas – se calcula que 8350 familias fueron afectadas solo en Río -.
En diciembre fue aprobada la Ordenanza 3.461 del Ministerio de Defensa que prevé la utilización de las fuerzas armadas para mantener el orden interno. La decisión estuvo estrechamente ligada a los llamados megaeventos, el Mundial Brasil 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.
Escribió Zibechi en el diario La Jornada: “Este manual de garantía de la ley y el orden (GLO) sostiene que las fuerzas armadas van a intervenir para restaurar el orden de las fuerzas oponentes. Y al caracterizar a esas fuerzas puede leerse: movimientos u organizaciones; personas, grupos de personas u organizaciones actuando de forma autónoma o infiltrados en movimientos. Cuando detalla las principales amenazas, se dice: bloqueo de vías públicas; disturbios urbanos; invasión de propiedades e instalaciones rurales o urbanas, públicas o privadas; paralización de actividades productivas; sabotaje en los locales de grandes eventos. En suma, buena parte del repertorio de acción de los movimientos sociales. Es un buen ejemplo de militarización y de criminalización de la protesta”.
Las acciones de seguridad y control con miras a Brasil 2014 ya comenzaron. Hace unas semanas. Miles de soldados ocuparon el Complejo da Maré, en una zona estratégica de Rio de Janeiro, donde viven 130 mil personas en quince favelas. Los uniformados permanecerán en ese lugar hasta el 31 de julio para garantizar la “paz social” durante la Copa del Mundo. El objetivo es implantar una Unidad de Policía Pacificadora (UPP) que estará integrada por 1.500 policías como ya se ha hecho en otras zonas. Todas acciones militares para que la FIFA, verdadero dueño de este inmenso negocio, pueda realizar su megaevento sumergido en la “paz social”.
Redacción Al Toque
Foto: www.apublica.org