Por comenzar
00
CAI
CSBA
Final
11
AABN
CASM
Final
40
DMAM
CSM
Final
20
TCSD
BCM
Final
01
AJGD
CAAM
Final
11
BVM
ECM
Final
22
AVBA
CASB
Final
20
CRC
UNRC
Por Marcelino Gasseuy *
Al escribir estas líneas me desborda una emoción incomparable. Y no es para menos. Muchas personas de mi generación podrán disfrutar con plenitud una final de la Copa del Mundo. Por unos instantes un país entero se olvidó de sus problemas cotidianos y festejó en la jornada patria el arribo al partido cumbre de Brasil 2014. Son las cosas maravillosas que entrega el fútbol, ese juego convertido en un negocio descomunal pero que nunca perderá su esencia primordial: la pasión.
Al momento de reflexionar qué fue los que nos llevó a estar entre los mejores del mundo tras 24 años de ausencia lo primero que hay que remarcar es el juego colectivo que adquirió el conjunto nacional con el correr de los partidos. Y eso se debe principalmente al trabajo del cuerpo técnico encabezado por Alejandro Sabella. Argentina llegó a Brasil 2014 con la esperanza de que su jugador estrella Lionel Messi se calce la capa y se transforme en el superhéroe que le devuelva al pueblo el tan ansiado trofeo. Ese fue el mensaje que el establishment mediático (nacional e internacional) se encargó de desparramar en los últimos años. En el ambiente del periodismo, el especializado en deportes es el principal creador del héroe individual. Por suerte quienes conducen a la Selección Argentina no piensan igual y supieron solidificar un equipo en donde sus figuras individuales se transformaron en un todo.
En lo estrictamente futbolístico, el acierto de Sabella y compañía fue tomar cada encuentro del Mundial como un experimento en donde siempre intentó encontrar la fórmula ideal. Lo ayudó el azar del sorteo al entregarle una primera fase accesible que sirvió, aunque no se pasó con contundencia, para ir aceitando el engranaje. Un conjunto que fue adquiriendo solidez defensiva con el correr de los partidos (con un gran Sergio Romero en el arco, uno de los más cuestionados) y que desde siempre contó con una de las mejores ofensivas del planeta. Pero tras el partido con Suiza, Sabella vio que se prendió la luz de alarma y decidió hacer dos modificaciones que fueron claves para encontrar el equilibrio que faltaba. Adentro Martín Demichelis y Lucas Biglia afuera Federico Fernández y Fernando Gago. Demostrando que en el Mundial es clave conformar los equipos ante cada circunstancia, Argentina supo amoldar el once ideal para generar ante Bélgica y Holanda dos planteamientos tácticos perfectos que le permitieron llegar a la final. El partido de semifinales ante los holandeses el juego colectivo argentino fue extraordinario (con un Javier Mascherano descomunal. ¡Y pensar que muchos opinólogos decían que no podían jugar más de volante central!) y borró con el codo todas las críticas que recibió durante este proceso.
El próximo domingo el Maracaná nos recibirá nuevamente y el rival será Alemania, el mejor equipo del mundo y que llega como máximo favorito. Y aunque el objetivo esté cumplido sabemos que nuestros jugadores irán por más. De eso estemos seguros.
* Artículo publicado en El Megáfono Nº 224