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Por Franco Evaristi*
Si hay algo que me molesta es la autoreferencia, pero hoy me siento en la necesidad de incurrir en ella para socializar lo que a esta hora mi vieja estaría sintiendo. Escribo, tiemblo, no puedo dejar de llorar como un nene. Estoy seguro que ella lo hubiese manifestado de la misma manera, aunque -si estuviera entre nosotros- fundida en un abrazo interminable conmigo, y disputando codo a codo quién lo hace con más disimulo.
Pero no está acá, está allá; hace casi dos años. Está allá, abrazada a su papá, mi nono Juan, el mismo que empapeló la piecita del fondo del patio con recortes de diarios con la estampa del Lobo Fischer, la melena de la Oveja Telch, la desfachatez del Nene Sanfilippo, la prestancia de Rendo, o la facha de nuestro Topo Irigoyen.
De allí emerge tanta pasión y sentimiento. Y fue mi vieja quien heredó tanto amor por los colores más lindos del mundo. Y, como buena madre, lo supo trasladar mediante un vínculo mágico que excede hasta la propia muerte. Así hemos crecido, con un amor no cuantificable, que no creció en la medida que se llenaron las vitrinas del hall del club. Sin embargo, por esas cosas del fútbol, desde hoy esas vitrinas poco pobladas lucirá la Copa más deseada. Esa misma por la que un día mi vieja me dijo, casi resignada: “chiquito me parece que la Libertadores es un amor no correspondido para nosotros. ¿Estaré viva cuando podamos ganarla y dar la vuelta?”. El destino -o no sé qué- hizo que por tan sólo 20 meses la cristalización de aquél anhelo y su presencia en esta vida no coincidieran. Pero al menos lo pudo ver de arriba, estar en el Nuevo Gasómetro - algo que no pudimos hacer la inmensidad de simpatizantes “no porteños” -. Pudo sufrir, gozar, emocionarse, sentir y celebrar algo que ni aquellos “mostros” que están pegados en la piecita del fondo del patio, ni los Matadores, ni los Carasucias, ni Pipo, ni el gran Beto pudieron lograr: ser campeones de América.
Y por esas cosas de la vida, o el destino- o no sé qué - se dio en un momento de reparación histórica para nuestro querido San Lorenzo de Almagro. Este momento sublime en lo deportivo nos bendice justo en la antesala de nuestra vuelta a Boedo. Ése es nuestro lugar en el mundo. Lugar que la inmunda dictadura militar (y sus cómplices civiles) nos arrebató, como lo hizo con las vidas de quienes pugnaban por un proyecto país con dignidad e independencia, y no con opresión y muerte. Una vez más, el inmenso amor del pueblo pudo más que aquellas políticas sistemáticas de disgregación social ejecutadas por uniformadas y avalados por “caballeros de traje y hombre de pañuelo al cuello”.
Por eso tanta emoción. Claro que la obtención de la Copa, como futboleros que somos nos saca de encima un lastre con el cual cargamos desde el mismo momento de nuestra fundación. Pero ya hemos demostrado largamente que con o sin Copa Libertadores de América nuestro sentimiento no se desvanece, no pierde vigor (de hecho hace dos años estuvimos en nuestra Capital provincial jugando con Instituto para no volver transitar los suburbios de la B). Es que San Lorenzo no es la suma de estrellas en el escudo o el abarrotamiento de copas en las vitrinas...San Lorenzo es mi nono que no llegué a conocer, es mi queridísima viejita (a quien cada día extraño más), es mi hija Camilita (mi vida entera); y es también el abrazo y el llanto que compartimos con almas azulgranas en nuestra simbólica celebración por las calles de la ciudad.
Cuánta emoción, cuánta alegría devenida de un sentimiento totalmente distanciado de lo material nos regala este hermoso sentido de pertenencia.
¿Algo más podría pedirse?. Sí, claro: volver a ser niño para que mis viejos, sentados en la puerta del almacén enfrente a la Iglesia Sagrado Corazón, contemplen como -con mis indisimulables limitaciones a cuestas- desairo la marca del negro Fede, le gano en velocidad a “Tatu” con pelota dominada, entro al área (léase el atrio de la parroquia), defino ante la salida del “Pablito” y me lleno la boca de un grito del alma...Goollll Ciclón!!!!...Y, como siempre, con la gloriosa “9” de Walter Perazzo adherida en la piel y en el corazón.
PD: Salud Nonito!!!.. Salud Viejita!!!. Esta copa de vino es por ustedes y otra vez gracias dejarme esta hermosa herencia.
* Periodista de Radio Universidad (FM 97.7).
Gráfico: Al Toque