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* Por Profesor Eduardo Hurtado
Abril de 1979 Julio Humberto Grondona se hizo cargo de la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), en julio de 2014 con su desaparición física se clausuró un capítulo de 35 años de gobierno. En el escenario aparecieron dos cuestiones relativamente novedosas: la elección de un presidente de AFA y la restructuración de los torneos. La elección en sí no es novedosa “Don Julio” era electo por sus pares de los clubes; la novedad es que habrá un nuevo presidente. Para las generaciones jóvenes que nacieron y crecieron con Grondona presidiendo la AFA es algo inédito que haya otra persona presidiendo la AFA; para aquellos con algunos años más la situación nos permite evocar las décadas del sesenta y setenta. En esos años cada cambio de gobierno nacional, democrático con participación restringida, cívico militar con un general en la casa rosada, democrático sin proscripciones, significaba una intervención a la AFA y un nuevo presidente o interventor. Esto cambio con la gestión de Grondona, pero también con la intervención de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) que buscó preservar a sus dirigentes de la inestabilidad política de los países.
Durante la gestión de Grondona se realizaron diversos experimentos en cuanto a la organización de los torneos de fútbol, pero, quizás el cambio más significativo fue en los años sesenta, con la creación de los torneos nacionales. En junio de 1966, el general Juan Carlos Onganía asumió como presidente, luego del golpe de Estado cívico militar que depuso al presidente Arturo Illia, electo en 1963. Argentina jugaba el mundial de Inglaterra y la llamada “Revolución Argentina” se proponía ordenar el país desde la cúspide a la base; un gobierno autoritario y represivo que clausuró toda participación ciudadana. Algunos funcionarios de Onganía observaron que el crecimiento económico y el problema del desarrollo desigual era una realidad manifiesta; existía una evidente polarización ejercida por la zona metropolitana en primer término, a la que le seguían unidades comparativamente menores como Rosario y Córdoba. Esas unidades formaban, en conjunto, importantes núcleos de localización en relativamente escasas áreas geográficas, lo que traía como consecuencia una marcada concentración de la actividad económica y destacado enriquecimiento de los centros poblados aledaños. Para la administración nacional estuvo claro que, por razones de equilibrio regional, de seguridad nacional y de política, debía promoverse una activación manifiesta de distintos espacios del país para un mejor aprovechamiento del importante y latente potencial argentino. La situación problemática llevó a plantear la ubicación de zonas estratégicas dentro de las regiones económicas que se habían delimitado buscando crear nuevos polos de desarrollo, esto constituyó un objetivo de primera línea para lograr una armónica y sistemática expansión nacional. El grupo cercano del entonces presidente Onganía creía que la solución al problema del crecimiento y su consecuencia de atraso económico para algunas regiones estaba en el planeamiento. En consonancia con esta propuesta durante los años sesenta apareció con mucho impulso la idea de polos de desarrollo. Así, dentro de lo que podría llamarse economía espacial del desarrollo, el estudio de los polos de desarrollo ocupa un lugar relevante. El fútbol no quedaría al margen del proyecto político; en la primavera de 1967 Don Valentín Suarez, interventor de la AFA, comenzó una restructuración de los torneos de fútbol de nuestro país. Las crónicas de la época marcan el centralismo reinante en esos años; de manera crítica, se sostuvo, en la prensa que en lugar del tradicional campeonato todos contra todos, a dos ruedas, se desdoblaba la competencia en dos torneos: el Metropolitano, a disputarse en dos zonas, y el Nacional, que permitiría la participación de cuatro equipos de las provincias (del interior). Así San Martín de Mendoza, Central Córdoba de Santiago del Estero, San Lorenzo de Mar del Plata y Chaco For Ever, se enfrentaron con los llamados equipos de la AFA; el primer campeón del Torneo Nacional fue el Club Atlético Independiente de Avellaneda. Con los años el número de participantes de las provincias fue aumentando; en 1968 fue el turno de Belgrano de Córdoba.
Eduardo Hurtado, Profesor de historia en la Universidad Nacional de Río Cuarto.
Foto: www.lapacourondo.com.ar