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Diego Ghiglione y Urú Curé, en la cúspide del rugby nacional

29-03-2015 10:55

Un sueño hecho realidad

Por Ángel Ludueña*

Ghiglione (izquierda) junto a Marchisio, presidente de Urú Curé.

Lo conocí a fines de agosto de 1992, cuando apenas tenía 23 años. Un hecho azaroso fue el que impulsó aquel primer encuentro que se repetiría por casi ocho años más. Él en su calidad de entrenador y quien escribe estas líneas, como periodista. El “descubrimiento” tuvo como motivación, una descollante actuación de la M-19 de Urú Curé, que lideraba el torneo cordobés –que finalmente obtendría, en forma compartida con El Tala- y despertó un mayor interés en la prensa local, el seguimiento de esa y otras categorías juveniles en los años siguientes.
Era parte de una trilogía de entrenadores jóvenes –que se completaba con Karim Abuzaid y Alejandro Zemma, ambos con 20 años-, pero la pasión con la que hablaba de rugby era la propia de alguien que contaba con algo más que sus 23 años de aquel momento. Diego Ghiglione, ya por entonces desbordaba de pasión por la guinda. Hacía 7 años que había empezado a dar sus primeros pasos en la conducción técnica.
Aquella división – de la que poco tiempo después descollaría como campeón mundial Sub-19, con los Pumitas, Roberto Mondino - lo proyectó a lo que es hoy. Creo, también, que igualmente hubiera alimentado sus sueños y esperanzas, si no hubiera mediado aquel grupo de jugadores y el éxito deportivo del que fueron capaces de alcanzar, desplazando a lo más rancio y prestigioso del rugby cordobés.
Ya en aquel 26 de agosto del ’92, el “Cuervo”, amasaba el gran sueño de conducir a la “Lechuza” a los primeros planos de la competencia nacional. Nunca ignoró las dificultades; tampoco se doblegó ante la adversidad. En su derrotero como entrenador, hubo momentos que avanzó a pasos agigantados; otros, en los que debió aceptar retroceder unos pocos y tomar nuevo envión hacia sus ambiciosos objetivos; también, hubo que hacer la pausa necesaria para reacomodar las fichas del complejo tablero que él mismo se construyó y desafió desde siempre.
Desde el momento que el rugby se “nacionalizó” –con el actual Nacional de Clubes- posó su mirada en tan importante objetivo. La primera estación de ese largo y fatigoso viaje fue el –entonces- Torneo del Interior; era la escala previa al ingreso a la “elite” que congregaba a los más poderosos, prestigiosos e históricos clubes del país. En Córdoba, ese selecto grupo lo integraban –mayoritariamente- Tala, Tablada, Jockey de Córdoba o el Athletic.
Mientras amasaba ese sueño irrenunciable, continuó saciando su sed de aprendizaje como entrenador; aceptó cuanta propuesta tuvo para dirigir en el nivel que fuere; desde sumarse a un cuerpo técnico, hasta ser el líder de uno de ellos.  Durante poco más de dos décadas fue incorporando conocimiento, experiencia, corrigiendo –todo lo que hubiere que corregir- su proyecto original; eso sí, mantuvo incólume el núcleo central: estar donde hoy se encuentra.
Imagino que estas y muchas otras situaciones que atravesó durante sus casi tres décadas como entrenador –contando, sus primeros “palotes”, siendo, todavía, un adolescente- volvieron a tomar cuerpo en su memoria el día del debut, el 21 de marzo pasado, cuando -dirigiendo a su entrañable Urú Curé- derrotó a Pucará por 13 a 12.
Seguro que continuará disfrutando del rugby como desde un principio; gozará con cada éxito con la misma intensidad que le dolerá cada derrota. El día después de cada partido lo seguirá encontrando con su cabeza pensando la planificación del próximo juego. Seguirá respirando rugby por todos los poros las 24 horas de cada día. Como siempre lo hizo. No hay motivos para cambiar, por supuesto.
La llama de la pasión se encendió desde el momento que se calzó el buzo de entrenador por primera vez –cuando apenas tenía 16 años- y desde aquel momento su luz nunca dejó de tener intensidad; siempre estuvo viva. Y así se mantendrá hasta que su voluntad –y no otra cosa- lo disponga. Hoy, es una fuente inagotable de energía para él y para los jugadores a los que conduce. No hay mejor garantía que esta para seguir amasando nuevos sueños, renovados desafíos. Fiel a su estilo y forma de vida, no se pondrá techo.

* Por Ángel Ludueña – Periodista de Puntal – Secretario Gremial CiSPren Río Cuarto

 
Foto: Al Toque