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17-06-2016 07:00

Inevitable no soñar

Por Luciano Rodríguez*

No es muy fácil que las palabras salgan para realizar una editorial sobre un club que cumple 100 años, ni mucho menos un club en el que compartí años, muy buenos y otros no tanto. Hoy en día entrar por calle Las Heras y ver una realidad muy diferente a la que uno vivió te hace inflar el pecho y decir “la pucha que hay gente que quiere el club”. Soy fiel testigo de que se genera una identidad, una identidad por el barrio, por el trabajo diario, de arrancar desde abajo y sin nada y hasta encontrando el club con “menos diez” como estaba la situación anterior a la actual gestión. Entrar por el portón grande y desde ya escuchar el griterio de cientos de niños y niñas haciendo gimnasia artística con sus padres esperando por retirarlos en el pasillo, en el mismo lugar donde uno de chico había jugado al fútbol y realizado la parte física previo al entrenamiento con Adrian “el pelo” Avila. Por el otro lado, al frente, tenías la secretaría, un “sucuchito” donde “el inglés” Mario Lynch te recibía siempre con un saludo muy afectuoso y compartías siempre una mini charla sobre partidos pasados y una que otra pasada de factura por errores cometidos. Pegado al sucuchito se escuchan pelotazos, paletazos y carcajadas, me acerco y veo al “tío” Juarez timbeando con los muchachos junto con Peralta, Rodriguez y se sumaba Mario Lynch a la mesa mientras se esperaba por otro partido, tomando un aperitivo y mirando alguna que otra pelea por TyC.
De a poquito me iba adentrando al corazón de la manzana y se escuchaban los latidos.... Llego a la puerta de chapa y nuevamente se me vienen los recuerdos, los retos de Huguito Zulberti por dejar la canilla abierta. Estoy parado en la puerta de chapa, en la puerta del corazón y continúan los latidos. Ingreso.
No eran latidos, eran los besos de la naranja con el piso de baldosa, el roce sensual de la pelota con la red, y de repente del baúl de los recuerdos se escucha “Barullooooooooooooo” otra vez tarde!!!, los gritos del “Pelo”, mientras Fer Monesterolo con una sonrisa cómplice movía su mano como gesto de que me apure. Voy al vestuario, me siento en el tablón y comienzo a vendarme, salgo y lo veo al profe Quiroga pegando la lista de convocados para el próximo partido (con fibrón indeleble), y a la sub comisión de basquet (nuestros papás) tratando de hacer malabares con las boletas de los servicios y a su vez organizando chanchos móviles, pollos asados, locros, para que nosotros pudiéramos participar en los torneos y tener una pilcha roja con el “Trencito” o el “Presición” en el pecho.
Paso a paso que voy haciendo son miles de momentos. Lo veo a Fabri Salas luego hacerse cargo de las categorías y de primera división (eramos todos los pibes) a pesar de su joven edad y a Claudio Ochoa metiéndose de a poco en la dirigencia de un club que estaba bastante complicado.
Se encienden todas las luces del estadio y lo veo al “chino” Lopez calzándose las “llantas”- Volvés Chino? .- “Le venimos a dar una mano al Fabri”, me dijo en voz baja. Ese año de la mano de ese mismo señor, el club se coronó campeón después de 20 años tras vencer al duro Alberdi de Villa Mercedes. La primera vez en mi vida que me pasaba algo así. Recuerdo miles de veces haber llorado por Boca, pero nunca por un club en el que yo era parte y en el que uno pone un granito de arena para que las cosas sucedan, ese año sucedió y le dimos esa alegría al club, al barrio, a la gente.
Años siguientes continuaron los éxitos para el rojo, se logró el bicampeonato, algunos lograron el tricampeonato. Se llenó de pibes el club, con todas las categorías, con una primera división en los primeros planos a nivel provincial y rozando torneos nacionales, con basquet femenino, una dirigencia prolija de Claudio Ochoa a cargo de la presidencia del club. Una realidad muy ajena a la que viví como jugador. Me dije “bueno, basta, cachetazo y volvé a la realidad”, y piso el parquet, es inevitable no soñar...

* Conductor de 5 contra 5