Final
21
CAB
AAE
Final
10
HLH
CSBA
Por comenzar
00
AVBA
CALR
Por comenzar
00
CSBLR
CSBA
Final
14
CASM
AJGD
Final
00
BCM
ECM
Final
10
TCSD
DMAM
Final
10
CAAM
BVM
Final
10
CASB
CAS
Final
11
UNRC
AID
Final
21
AABN
CSM
Final
12
CDMR
CAT
Final
01
CSLH
JURC
Final
01
CADA
CRC
Final
30
SPC
ARLI
Final
22
CCA
CACT
Final
03
FFC
SLB
Final
10
CSCH
CRUO
Final
21
RFC
JUCB
Final
30
CFC
CAGH
Por Facundo Sánchez.
(Río de Janeiro, Especial para Al Toque Deportes).- “Las callecitas de Río tienen ese qué se yo…”, se podría decir parafraseando un clásico tango argentino. Y el qué se yo, puede ser algo de todo el color que recorre las “ruas” de la ciudad brasileña. Las ventas ambulantes, los artistas callejeros, el tradicional “bondinho” de Santa Teresa, acompañan la vista de los turistas. Las calles son angostas y los autos van a grandes velocidades manejando con una precisión prácticamente quirúrjica en cada maniobra. Sorpresa. Temor. Río de Janeiro es así. Y ellos no se sorprenden. Lo ven pasar como a uno más de los miles de turistas que al día de hoy, visitan la ciudad. Una ciudad que no recibe a los Juegos Olímpicos en su esplendor, pero que genera, en el amor propio, que cada uno de sus habitantes realice el aporte para que la experiencia sea, al menos fascinante e inolvidable.
A los vagabundos que duermen en las calles, la policía los corrió hacia los barrios. Los empujó con el brazo derecho del poder hacia las zonas en las que su presencia no genera mayores molestias. Santa Teresa es uno de esos lugares que abrió sus puertas, casi obligadamente, pero sin mayores reclamos, a una parte de Río de Janeiro que puede dañar a los ojos de los turistas. Ojos celestes y de otro mundo. Ojos distintos. Buscan un lugar, una sombra, una protección al calor, y ahí van con su colchón y sus ilusiones desplazadas.
El famoso Cristo Redentor, cierra los ojos. Él sabe que no puede, pero le encantaría poder mover los brazos y las manos para taparse los ojos. Tanta foto le hace mal. Abajo, en cambio, todo es un show. Miles de poses, sonrisas fingidas, fríos que se bancan para demostrar el color de la camiseta que se lleva debajo y caminos entorpecidos por fotos que van y vienen en todas direcciones. No importa en qué lugar estés, seguro estás interrumpiendo una foto.
Los deportistas de diversas delegaciones visitan el mítico lugar de Río, sonriendo entre la sorpresa que genera la inmensidad y la presión de una competencia que ya se acerca, para la cual no falta nada.
El fútbol ya dio sus primeros pasos y este viernes la antorcha se encenderá para iluminar a una ciudad que en sus rincones más oscuros oculta también, bajo la alfombra, aquello que no se puede ver, pero que volverán a destapar, probablemente, después del 25 de agosto. Sin embargo, sus habitantes, amables, sonríen y esperan. El calor los hace mostrar su panza y no les importa. Porque Río sonríe igual, pese a todo, porque sabe que tiene que hacerlo y porque para recibir a visitantes de todo el mundo, no conoce otra forma que la sonrisa. Empiezan los Juegos Olímpicos. Sonreí. Río ya lo hace.
Fotos: Facundo Sánchez