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En el fútbol no hay verdades absolutas. Casi todo es relativo. Desde el mismo momento que es ejecutado por la acción de personas, seres humanos, todo puede pasar. Por eso, ser tajantes a la hora de afirmar que el clásico de mañana es clave para la lucha riocuartense que animarán Atenas y Estudiantes en su afán de acceder a la chance de ascender es difícil de probar a ciencia cierta.
Hay quienes enfatizan que un triunfo de Atenas hoy sacará de camino a Estudiantes en esa carrera por dar salta de calidad. Y se amparan para la aseveración en cuestiones matemáticas. “Si ganamos le sacamos cinco puntos cuando queden doce en juego. Además tenemos el otro clásico en nuestra cancha y a Del Bono”, dicen los atenienses optimistas. Pero, si eso ocurre, quién puede descartar la posibilidad de que el equipo de Hugo Mattea apele a la misma mística con la que hizo historia con nueve triunfos al hilo y repita una seguidilla que lo consagre en un sprint final glorioso. O no. O quién puede garantizar que Atenas juegue tan bien como lo hizo ante Alianza, o tan mal como la producción ante 9 de Julio de Río Tercero. Los partidos y mucho más clásicos son capítulos distintos que, generalmente, no tiene relación de un domingo al otro. Mucho tiene que ver el contexto del momento, la situación particular, la lucidez instantánea en circunstancias del juego y de los futbolistas. Por eso surgen algunas preguntas a quienes no entramos jamás a una cancha en representación de un club en un certamen nacional: ¿es lo mismo jugar y desarrollar su fútbol en una instancia final en la que el margen de error y de recuperación es mínimo?, ¿psicológicamente es lo mismo remar bien de abajo en una Fase Final muy breve?, ¿la presiones de ganar y alcanzar objetivos influyen, atentan, reconfortan, revitalizan?. Son preguntas cuyas respuestas tienen sólo ellos: los progonistas.
Pero lo cierto es que el hincha de Estudiantes también se ilusiona y se anima a los planteos optimistas: “Si nosotros ganamos el domingo no nos para nadie, y con al media inglesa ganando de local y empatando de visitante, nos vamos a la final”.
Estos ensayos y análisis periodísticos, dirigenciales, de hinchas, de cuerpos técnicos, previos a la acción de poco servirán cuando la pelota empiece a rodar. Allí serán los Rodríguez, los Gatto, los Bottino, los Zúñiga que forjarán la historia a contar después de que Juan José Dardanelli pite el final. Esta historia que escribirán hoy puede que no defina nada aún de acuerdo al resultado que la enmarque (pues se está en los albores de la Fase Final), pero sí quizá comience a marcar tendencias de cara al futuro inmediato.
Franco Evaristi – Redacción Al Toque