Por comenzar
00
CSBA
ACSM
Por comenzar
00
CAS
CSBA
Por comenzar
00
CSBLR
CASB
Por comenzar
00
ECM
AVBA
Por comenzar
00
CSM
CASM
Por comenzar
00
BVM
AJGD
Por comenzar
00
AID
TCSD
Por comenzar
00
CRC
CALR
Por comenzar
00
DMAM
BCM
Por comenzar
00
UNRC
AABN
Por comenzar
00
ARLI
CSCH
Por comenzar
00
CDRC
CACT
Por comenzar
00
CSLH
CRUO
Por comenzar
00
CAGH
JURC
Por comenzar
00
RFC
CCA
Por comenzar
00
JUCB
CDMR
Por comenzar
00
SLB
CRC
Por comenzar
00
SPC
CAT
Por comenzar
00
FFC
CADA
En una de sus acciones de Renato Solidario, la institución naranja articula con la escuela de Barrio Obrero cediéndoles las instalaciones para que los alumnos realicen actividades deportivas.
La palabra Quechalén viene de la lengua mapuche y significa “estar juntos”. Esta frase sintetiza uno de los valores que más se trabajan en la escuela secundaria ubicada en barrio Obrero: la contención social.
La escuela está ubicada en la calle Aníbal Ponce 1262, Barrio Obrero, funciona en doble turno, asisten alrededor de 100 alumnos de los cuales la mayoría son repitentes. Es anexo del Instituto La Sagrada Familia, que se encuentra en Banda Norte.
El Club Renato Cesarini articula un proyecto social que básicamente tiene que ver con ceder las instalaciones para que la escuela tenga un lugar donde llevar a cabo las actividades de educación física, las cuales se venían ejerciendo en un sector baldío ubicado al frente de Quechalén.
Los profesores a cargo de dichas actividades son Carlos Bulacio y Verónica Cabrera, docentes de la institución secundaria, ambos coinciden en que el hecho de contar con las instalaciones del club para la práctica de su disciplina implica sobre todo mucha contención y un lugar propicio para enseñar y aprender con tranquilidad.
“Que el club ceda sus instalaciones para la práctica de educación física nos solucionó muchas cosas. Antes teníamos clases en un campito que está al frente del colegio. Ahí quedábamos muy expuestos con los adolescentes del sector que no son alumnos pero se llegaban al lugar y molestaban bastante”, dice Carlos Bulacio.
Por su parte, Verónica Cabrera sostiene: “Antes entrenábamos en el campito y ahí nos condicionaba el entorno. Me gusta trabajar en las instalaciones del club porque implica mucha contención. Estando en el campito no nos sentíamos seguras”.
En las clases de educación física vemos un buen número de asistencia, los profesores destacan que casi no hay deserción en sus clases y comentan que el curriculum es adaptado pero que las exigencias están presentes. Para dejar constancia del esfuerzo se organizan con un “sistema de crédito”, suman o restan puntos conforme al comportamiento actitudinal. Este sistema los mantiene motivados.
La escuela Quechalén comparte con Renato Cesarini no solamente las instalaciones sino también los valores que se enseñan: unión de grupo, compañerismo, responsabilidad, compromiso, integración y oportunidad.
Redacción Al Toque
Fuente y Fotos: Prensa Renato Cesarini