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Por Marcelino Gasseuy
Nunca me voy a olvidar el día que nuestro amigo y compañero Carlos Valduvino llegó a la vieja redacción de Al Toque y nos comentó que Miguel Paniego necesitaba que le editemos su libro “Por una pelota de fútbol. Historia del Club Sportivo Maipú de Río Cuarto”. Era una mañana de otoño de 2012. Sin saberlo, ese momento iba a ser muy importante para la vida de Cooperativa Al Toque, porque no solo nos permitió adentrarnos en nuevo desafío, sino que, además, y esto es lo más significativo, no dio la posibilidad de conocer a una persona increíble.
Hoy, 30 de enero de 2019, siete años después, recibo el llamado de Santiago Paniego, su nieto, dándome la triste noticia que Don Miguel falleció. Son muchas las cosas que empiezan a correr por mi cabeza, pero lo que más toma fuerza es la sensación de como en tan poco tiempo Miguel se hizo querer y conquistó nuestro corazón. Porque eso era él. Era una persona querible.
Amante de las historias, contaba con una memoria prodigiosa y tenía la capacidad de introducirte de lleno en cada una de esos sucesos y hacértelos vivir como propios. Con satisfacción puedo decir que disfruté de esos momentos junto a una rica taza de café que nos preparaba su entrañable esposa Elba mientras escuchábamos un tango de fondo.
Futbolero de pura cepa no dejó de sentir esa inmensa pasión hasta el último de sus días. Fanático de su querido Estudiantes, en donde fue futbolista y dirigente, siempre recordaba con entusiasmo y con brillo en sus ojos las aventuras que vivió junto a su gran compañero: Antonio Candini. Sin lugar a dudas su gran casa deportiva fue el Club Sportivo Maipú. Ahí forjó sus amistades de la juventud y durante muchas décadas se encargó, en su función de tesorero, de generar acciones que hicieran de su querido hogar un club social más allá de un club de bochas. Sé por sus historias que tuvo que combatir contra molinos de vientos. Pero a pesar de eso, pudo lograr que la institución tenga otras disciplinas deportivas como el patín y el fútbol de salón. Además de construir un hermoso salón para eventos.
Deseo recordarlo con una anécdota que lo marca a flor de piel. En una oportunidad le comenté que Al Toque no estaba pasando un buen momento económico y me sugirió que hiciéramos un evento en el Club Maipú. Fue así que hicimos una peña folclórica para recaudar fondos y no nos cobró el alquiler del salón. En un período complicado para nosotros, en donde tuvimos que dejar por un momento la comunicación, Miguel no puso reparos y nos acompañó. Así era él. Una persona honesta y sumamente cordial. Que no hacía reparos y cuando se enteraba de una causa justa estaba ahí para acompañar.
“El trofeo más valioso que nos dio la vida, es la amistad” dice la frase cabecera de su libro. Es en este momento cuando me genera alegría haber sido parte de eso hecho memorable como lo fue la presentación de su obra. Pero lo que más siento es un inmenso orgullo de haberlo conocido y que desde entonces pasamos a ser sus amigos. Hasta siempre querido Miguel. Jamás te olvidaremos y por siempre estarás en nuestro corazón.
Redacción Al Toque