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Ahora que sí nos ven

15-06-2020

¿Qué es el fútbol?

Por Florencia Gallardo

¿Qué es el fútbol? ¿Qué nos hace sentir? Hace rato que estoy pensando en qué respuestas dar para contestar estas preguntas y se hace medio complicado poner en palabras ese “no sé qué” que tiene el fútbol. En estos días de cuarentena en donde todos nos hemos quedado en casa, queda en evidencia que una de las cosas que más extrañamos todos es el fútbol. Y no hablo solo de verlo, sino de jugarlo. De levantarte un domingo temprano, comer un rico desayuno sabiendo que al ratito tenes que salir para la cancha porque tenes que jugar. Llegar a la cancha, saludar a tus compañeras que de a poquito se van metiendo todas al vestuario. Ponemos un poquito de música, charlamos un rato, nos empezamos a cambiar y de repente se escucha un:

- Dicen que estamos todos de la cabezaaaaaaaa!

El vestuario explota. Cantamos todas. Nos abrazamos. Saltamos. Gritamos. Alentamos. Nos apoyamos. Nos transmitimos buenas energías. En ese momento lo único que queremos es entrar a la cancha como unas guerreras y dejar la vida jugando.

 

Personalmente yo soy fan de los abrazos, me gusta mucho abrazar y que me abracen, por lo tanto, en mi vida he abrazado mucho. ¿Por qué cuento esto? Porque de todos esos abrazos, el más lindo es el abrazo de gol. Cuando una de mis compañeras hace un gol, cuando yo misma hago un gol… darnos la vuelta e ir corriendo todas juntas a gritarlo con euforia es una de las sensaciones más lindas que deja el futbol. 

 

Muchas de nosotras nos hemos tenido que enfrentar a las famosas frases: “El fútbol es para hombres”, “vos no podés jugar porque sos mujer”, “si jugas al futbol sos marimacho”, “si jugas a futbol te vas a volver lesbiana”. Esas cosas que no son ciertas, porque el fútbol no determina ni nuestra forma de actuar, ni nuestra sexualidad, ni nuestra forma de ser. Además, ¿dónde está escrito que el fútbol es para hombres? ¿quién lo dice? ¿quién dice que nosotras no podemos sentir la misma pasión o que nosotras no somos capaces de jugarlo? Es más, conozco muchísimos hombres a los cuales el fútbol no les interesa o directamente no les gusta. Es una lástima que por todos estos prejuicios muchas no hayamos tenido la oportunidad de jugar desde que somos niñas, ya sea porque no tenemos el apoyo de nuestra familia o de nuestros amigos. Si esto no pasara tendríamos mucho más entrenamiento, muchas más oportunidades a nivel profesional, mucho más tiempo de disfrutar este deporte que nos hace bien, que funciona como un cable a tierra, que nos hace olvidar de nuestros problemas -aunque sea por un ratito- y se transforma en un tipo de terapia.

 

Es lindo saber que con el tiempo estos tabúes se van desmenuzando, que se vaya dejando en evidencia que el fútbol es para los chicos y para las chicas, que es de todos. Porque el fútbol nos junta, nos une, nos acerca. Porque los sueños son de todos y todos tenemos derecho de disfrutarlos por igual, seamos hombres, seamos mujeres, seamos los mejores o no.

 

Hablando un poco de ser los mejores o no, es bueno aclarar que todos somos importantes y que cada uno es bueno en algo, nunca nada es igual porque todos somos diferentes y cada partido es diferente. Un día podes ser el que hace el gol de la victoria, otro podes ser la que dice una frase que hace que tus compañeras se motiven, otro te puede tocar estar en el banco y alentar desde ahí, pero todo suma. Siempre se puede sacar algo positivo desde el lugar que nos toca. Y si uno de esos días tenemos un mal partido, no importa, tenemos la oportunidad de trabajar en eso, de reforzarlo. Tanto individualmente como en equipo. Porque de los errores se aprende y me atrevo a decir que equivocarse es una de las mejores formas de aprender.

 

Estoy convencida de que el fútbol te cambia la vida para siempre, y te la cambia para bien, en todos los sentidos. Te ayuda a crecer individualmente, a autoexigirte para ser cada día un poquito mejor tanto dentro como fuera de la cancha. Te enseña a trabajar en equipo ya que cada decisión que tomas te afecta a vos y a tus compañeras. Por eso considero que es muy importante que se entrenen estas cosas diariamente. Los partidos se ganan con garra, con coraje, con sacrificio. Y ojo, si bien a todos nos gusta ganar, no siempre sucede. Pero estas cosas no cambian, si bien nos podemos sentir tristes, frustradas o hasta muchas veces enojadas y desganadas, siempre se supera y se sale adelante, porque las buenas sensaciones que te deja el fútbol no se comparan con las malas y, a mi parecer, es mucha más la felicidad y los buenos momentos que los malos.

 

Otro aspecto que me gustaría resaltar en el fútbol femenino de hoy es como ha crecido a nivel periodístico. Comprar los diarios el lunes y ver que hay una página dedicada hacia nosotras es un privilegio que hay que valorar mucho. ¿Saben la felicidad que genera ver que en la foto principal está mi equipo o aparece alguna compañera? Ver la resolución de los partidos en las páginas de Instagram, de Twitter, inclusive hasta nos han pasado por la televisión. Agradezco mucho a los periodistas y a todas las personas que se han movido para que esto sea posible y que nos den el lugar que merecemos.

 

Y me estoy olvidando una de las cosas más importantes y más lindas: LA HINCHADA. Yo juego en Universidad Blanco y el año pasado tuvimos la suerte de jugar la final del campeonato y encima no cualquier final, una final que era un CLÁSICO. La cancha estaba que explotaba. Banderas, bengalas, papelitos, globos, la gente vestida toda de blanco, gritando, cantando nuestras canciones, gritando nuestros nombres -escribo esto con la piel de gallina-. Es hermoso vivir algo así, ver a nuestras familias en la tribuna es algo mágico y sin ellos todo sería distinto. En mi caso, cuando vi a mi familia ahí parada alentándome a mí y a mi equipo, automáticamente se me llenaron los ojos de lágrimas y mi corazón empezó a latir muy fuerte de la emoción y de la felicidad que esto me generó.

 

Es bastante loco porque si bien intento dejar expresado lo mejor posible lo que genera este deporte en este pequeño escrito, siento que es imposible terminar de explicarlo. Es imposible poner en palabras toda la pasión que se siente. Porque como he dicho, va mucho más allá del momento de estar en la cancha con la pelota en los pies.

 

Particularmente me ha tocado jugar por cuatro años en uno de los mejores equipos que existen en la liga de Río Cuarto: Universidad Blanco. Como muchos ya sabrán este año nos informaron que lamentablemente no existiría más y no puedo explicar la tristeza que eso me genera. ¿Y por qué digo esto acá? Porque a pesar que cada una de nosotras va a jugar en otro equipo -es decir, que no va a dejar de jugar al futbol-, se perdió algo que es difícil de construir y de formar: el EQUIPO que teníamos. Y no hablo de ser 11 jugadoras que defienden una misma camiseta. Sino de 11 jugadoras que adentro y fuera de la cancha nos tratamos como familia, como amigas, como hermanas y como compañeras. Que trabajamos para que la otra crezca así el equipo crece, que nos preocupamos si una se lesiona, si una tiene un mal día, si una no está yendo a entrenar por algún motivo. Este plus hace que sea todo aún más hermoso y que se disfrute desde otras perspectivas. Así que nada, quiero agradecer a cada una de mis compañeras del Blanco por todos estos años y decirles que no creo volver a sentir este amor nunca. Porque dicen que los primeros amores no se olvidan, y el Blanco fue mi primer gran amor.

 

¡GRACIAS! Al fútbol, a mi equipo, a la hinchada, a mi familia, a los periodistas y a todos los que hacen posible que este deporte día a día esté más arriba. Sigamos luchando por nuestros derechos, por nuestra pasión y por nuestra FELICIDAD.

 

Por Florencia Gallardo

¡Ahora que sí nos ven!