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  • COPA CóRDOBA

    Final

    Atenas 1(4)(3)1 Sarmiento (PI)
    CSBA CAS
  • FEDERAL A

    Final

    Atenas 01 San Martín (F)
    CSBA CSGSM
  • PRIMERA A

    Final

    Ind. Dolores (GC) 01 Lautaro Roncedo (AG)
    AID CSBLR
  • PRIMERA A

    Final

    Atl. Sampacho 42 Ateneo Vecinos (GC)
    CAS AVBA
  • PRIMERA A

    Final

    Belgrano (VM) 12 Banda Norte
    BVM AABN
  • PRIMERA A

    Final

    Dep. Municipal (AM) 22 Atl. San Basilio
    DMAM CASB
  • PRIMERA A

    Final

    Everton Club (CM) 21 Atl. Adelia María
    ECM CAAM
  • PRIMERA A

    Final

    Acción Juvenil (GD) 01 Toro Club (CM)
    AJGD TCSD
  • PRIMERA A

    Final

    Atenas 03 Belgrano (CM)
    CSBA BCM
  • PRIMERA A

    Final

    Lutgardis Riveros (AG) 21 Renato Cesarini
    CALR CRC
  • PRIMERA A

    Final

    Sp. Municipal 22 San Martín (VM)
    CSM CASM
  • PRIMERA B

    Final

    San Lorenzo (B) 13 Juventud Unida (CB)
    SLB JUCB
  • PRIMERA B

    Final

    Correos y Telecomunic. 02 Herlitzka (LV)
    CACT CSCH
  • PRIMERA B

    Final

    Confraternidad 21 Santa Paula (C)
    CRC SPC
  • PRIMERA B

    Final

    Los Incas 21 Rosario FC
    ARLI RFC
  • PRIMERA B

    Final

    Granada (H) 12 Centro Social (LH)
    CAGH CSLH
  • PRIMERA B

    Final

    Talleres (LA) 30 Def. de Alberdi
    CAT CADA
  • PRIMERA B

    Final

    Rec. Unión (O) 02 Charrense FC
    CRUO CFC
  • PRIMERA B

    Final

    Fusión FC 10 Dep. Municipal (R)
    FFC CDMR
  • PRIMERA B

    Final

    Dep. Río Cuarto 01 C.C. Alberdi
    CDRC CCA

Fitness – Opinión

20-07-2020

¿Héroes o villanos? Acerca del chivo expiatorio de los gimnasios y centros deportivos

Por Marcelo Ducart

¿Quiénes son los verdaderos héroes y villanos? La pandemia, como otros tantos fenómenos sociales excepcionales, ha acelerado como en una sala de ensayo, los procesos sociales que se invisibilizan en un país. Es una muestra, una biopsia del "tejido" de lo somos y cómo somos. ¿Y qué nos muestra? Tanta ciclotimia de opiniones, tantas urgencias por decreto terminan delatando nuestro encanto por vivir en los "extremos" de la "excepcionalidad", sin poner demasiado cuidado en las normas y en las formas, pero, sobre todo, en el trabajo necesario de cada día para llegar a nuestro destino. Y de eso quiero hablar: “del Derecho al trabajo” de tantos compañeros que han sido SACRIFICADOS por el “bien” de la comunidad. Entre tantos de ellos, me refiero, a mis compañeros y colegas vinculados al rubro de gimnasios y centros deportivos en general, con los cuales me solidarizo.

 

Pareciera que hemos dejado de cuestionar como adultos nuestras zigzagueantes decisiones, para responsabilizar a un virus como el culpable de la asignación discrecional del derecho constitucional y legítimo al trabajo. Y lo raro es que la excepcionalidad que nos provoca fascinación, espanto, abatimiento y asombro al mismo tiempo, no la vivenciemos también como culpa. De esa que debería invadir nuestra conciencia para evitar el traslado del maltrato hacia los más débiles, la resignación de perpetuar la eterna categoría de los "sacrificables", como todos aquellos sujetos que una sociedad inmola para darse una cohesión interna y purificar así sus incongruencias, como señala Kammerer. ¿Acaso la negación a la apertura de los gimnasios bajo las mismas condiciones de seguridad y salubridad que se les imponen a otros rubros ya aprobados no obedece a cierta lógica de exclusión de los prescindibles? La ley del mal menor, la demonización de algunos rubros laborales y el chivo expiatorio de algunos oficios y profesiones, son formas poco “saludables” que ni las razones biomédicas alcanzan a justificar. Por favor, no quiero más "excluidos" ni "ciudadanos de segunda". Deberíamos estar más atentos a que en nombre del cuidado de la vida, no destruyéramos la vida de aquellos que deberíamos tener más cuidado…

 

Hoy, sólo por hoy, sueño con que el vértigo del miedo al contagio que se instaló masivamente y que late como un aguijón que adormece la conciencia, se despierte y nos empuje a trabajar por una sociedad más inclusiva y justa.

 

Por Marcelo Ducart | Docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto