Final
1(4)(3)1
CSBA
CAS
Final
01
CSBA
CSGSM
Final
01
AID
CSBLR
Final
42
CAS
AVBA
Final
12
BVM
AABN
Final
22
DMAM
CASB
Final
21
ECM
CAAM
Final
01
AJGD
TCSD
Final
03
CSBA
BCM
Final
21
CALR
CRC
Final
22
CSM
CASM
Final
13
SLB
JUCB
Final
02
CACT
CSCH
Final
21
CRC
SPC
Final
21
ARLI
RFC
Final
12
CAGH
CSLH
Final
30
CAT
CADA
Final
02
CRUO
CFC
Final
10
FFC
CDMR
Final
01
CDRC
CCA
Por Marcelo Ducart
¿Quiénes son los verdaderos héroes y villanos? La pandemia, como otros tantos fenómenos sociales excepcionales, ha acelerado como en una sala de ensayo, los procesos sociales que se invisibilizan en un país. Es una muestra, una biopsia del "tejido" de lo somos y cómo somos. ¿Y qué nos muestra? Tanta ciclotimia de opiniones, tantas urgencias por decreto terminan delatando nuestro encanto por vivir en los "extremos" de la "excepcionalidad", sin poner demasiado cuidado en las normas y en las formas, pero, sobre todo, en el trabajo necesario de cada día para llegar a nuestro destino. Y de eso quiero hablar: “del Derecho al trabajo” de tantos compañeros que han sido SACRIFICADOS por el “bien” de la comunidad. Entre tantos de ellos, me refiero, a mis compañeros y colegas vinculados al rubro de gimnasios y centros deportivos en general, con los cuales me solidarizo.
Pareciera que hemos dejado de cuestionar como adultos nuestras zigzagueantes decisiones, para responsabilizar a un virus como el culpable de la asignación discrecional del derecho constitucional y legítimo al trabajo. Y lo raro es que la excepcionalidad que nos provoca fascinación, espanto, abatimiento y asombro al mismo tiempo, no la vivenciemos también como culpa. De esa que debería invadir nuestra conciencia para evitar el traslado del maltrato hacia los más débiles, la resignación de perpetuar la eterna categoría de los "sacrificables", como todos aquellos sujetos que una sociedad inmola para darse una cohesión interna y purificar así sus incongruencias, como señala Kammerer. ¿Acaso la negación a la apertura de los gimnasios bajo las mismas condiciones de seguridad y salubridad que se les imponen a otros rubros ya aprobados no obedece a cierta lógica de exclusión de los prescindibles? La ley del mal menor, la demonización de algunos rubros laborales y el chivo expiatorio de algunos oficios y profesiones, son formas poco “saludables” que ni las razones biomédicas alcanzan a justificar. Por favor, no quiero más "excluidos" ni "ciudadanos de segunda". Deberíamos estar más atentos a que en nombre del cuidado de la vida, no destruyéramos la vida de aquellos que deberíamos tener más cuidado…
Hoy, sólo por hoy, sueño con que el vértigo del miedo al contagio que se instaló masivamente y que late como un aguijón que adormece la conciencia, se despierte y nos empuje a trabajar por una sociedad más inclusiva y justa.
Por Marcelo Ducart | Docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto