Por comenzar
00
CAA
AAE
Por comenzar
00
ACSM
CSBA
Por comenzar
00
AVBA
TCSD
Final
50
ECM
UNRC
Por comenzar
00
CSBA
CAAM
Por comenzar
00
BVM
AID
Por comenzar
00
CALR
CASB
Final
00
CRC
CSM
Por comenzar
00
AJGD
CASM
Por comenzar
00
AABN
BCM
Por comenzar
00
CAS
CSBLR
Por comenzar
00
RFC
CACT
Por comenzar
00
SPC
CDMR
Final
11
SLB
JURC
Por comenzar
00
CDRC
CADA
Por comenzar
00
JUCB
CRUO
Por comenzar
00
CAGH
CSCH
Por comenzar
00
FFC
CCA
Por comenzar
00
ARLI
CRC
Por comenzar
00
CFC
CAT
Estudiantes presentó dos facetas bien distintas en los 90’ ante Talleres de Córdoba. La del primer tiempo, en donde la fotografía final de ese período evidenció un equipo extremadamente respetuoso, avaro, sin posesión de balón, con problemas para marcar por los costados, sin presencia ofensiva y con rendimientos individuales bajos.
Y la del complemento: menos atado, con apetencias ofensivas, con actitud combativa y fundamentalmente respetando la esencia de jugar por el piso y hacer de la posesión de balón un patrón de juego.
Dos equipos, un mismo partido. Si bien la derrota está consumada y duele, la sensación de perder con la tranquilidad de que se estuvo a la altura de las circunstancias reconforta con vistas a un futuro.
Quizá Estudiantes en el primer tiempo no pudo abstraerse de la inmensidad de un estadio repleto y fervoroso. Quizá pesó saber que enfrente estaba un gigante de la categoría como Talleres, con toda su historia detrás. Eso sólo lo sabrán lo jugadores, pero algo pasó para que Estudiantes no pudiera encontrar el rumbo a lo largo de los primeros 45’.
No logró a lo largo de ese período neutralizar el básico circuito de juego que proponían Sanjurjo, Anívole, Money y compañía. El equipo de Mattea se extralimitaba a contemplar la escalada de un Talleres de juego prolijo, pero carente de profundidad. Se abroquelaba, pero otorgaba espacios. Procuraba escapar del asedio, pero no podía mantener la pelota en su posesión. Sin conexión las pequeñas sociedades futbolísticas, el “celeste” no generó prácticamente ninguna jugada que pusiera en riesgo la valla defendida por el bueno de Giordano. En síntesis no parecía el Estudiantes que enarbola siempre la bandera del orden, la solides y la pulcritud de su juego.
El entretiempo y la charla con el DT, fue clave para el cambio de cara. De aquél equipo respetuoso que sólo atinaba a aguantar lo embates de la “T”, Estudiantes pasó a presentar sus cartas bravas. Conexión entre los que saben, pelota al piso y actitud protagónica. Abandonó el rol pasivo para faltarle el respeto a un equipo que cuando se lo exigió desnudó falencias. Así, en los primeros 5’ generó dos chances nítidas de gol. Una de Andrés Aimar que quedó cara a cara con Giordano (ganó el “1”) y otra de Búffali.
El partido, a esa altura, ya dejó de ser un monopolio de Talleres para convertirse en una puja dividida en el medio juego, sector del campo que por momentos fue de transito rápido.
La sustancial mejora de Estudiantes radicó en ajustar las marcas sobre los generadores de futbol rivales (Anívole y Sanjurjo), dejar de lado el respeto reinante hacia un equipo con limitaciones y la marcada mejora en el nivel de varios componentes clave. Uno de ellos fue Andrés Aimar, que con su despliegue y visión clara del juego, guió el camino y contagió a un Estudiantes que mejoró en líneas generales. Se mostró sólido atrás (hizo que a Talleres se le nublen las ideas en la zona de fuego), más criterioso en el manejo del balón (aparecieron por momentos las pequeñas sociedades futbolísticas) y fue más vertical e incisivo en ofensiva (el aporte de Búffali en despliegue y generación de espacios fue encomiable).
Así, el equipo riocuartense pudo llevar el trámite a un terreno más fértil. De hecho, hilvanó algunas jugadas de contra que pudieron terminar en gol. Pero, en la última jugada del partido, y por esas cosas del destino se quedó sin nada.
Redacción Al Toque